lunes, febrero 21, 2005

Ha muerto una parte de mí.

Pues sí, y es una pena porque era una parte que me caía bien y era un buen tipo.
Se llamaba John Green y era mi personaje en la campaña de La Llamada de Cthulhu "Horror en el Orient Express"; campaña que finalizamos con rotundo éxito (loado sea el cielo) anoche, un año después de haberla comenzado.

John era médico y profesor de historia en la universidad de Cambridge y era muy competente en lo que acometía. No era alguien a quien le gustasen los cambios, y podríamos decir que tenía un carácter y unas maneras extremadamente británicas. Sus vivencias no eran notables por su originalidad ni por su intensidad y no solía frecuentar compañía femenina fuera del ámbito académico de la universidad, ámbito al que se había acostumbrado y en el que se sentía muy a gusto.

Tenía un amor secreto: Jessica McGonnagall, otra profesora de historia en Cambridge, conocida por su competencia y conocimientos en ese campo y también por llevar pantalones cotidianamente, cosa que en aquel tiempo y en aquel lugar era poco menos que increible en una mujer. Se conocían desde hacía muchos años y había entre ellos una amistad especial.

Fue merced a esa amistad y a ese amor que el destino de John quedó unido para siempre al destino del heterogéneo y aristocrático grupo del cual formaba parte Jessica, aquella fría mañana en la estación de Milán. Angus (un fornido coronel retirado), Megan (una bella dama, hija del agregado de la embajada británica de Constantinopla), Katherine (otra bella dama con más vivencias de las que parecía), Martin (un americano con unas pistolas enormes), y Valeria (la prometida de éste, otra bella dama con más paciencia que el Santo Job), y la propia Jessica, recorrían Europa en el Orient Express, viviendo y viendo cosas que ningún idioma humano podría describir.

Lo que acaeció después, a lo largo de toda Europa, es demasiado horroroso para contarlo (y tampoco es plan arruinarles las sorpresas a los que quieran jugar la campaña ;), pero durante ese tiempo me sentí muy unido a John y al resto de maravillosos personajes que le acompañaban valientemente, enfrentándose a seres que no deberían ver ojos humanos, y descubriendo secretos y conocimientos de los que la única manera de escapar es la muerte, y no siempre.

Solamente la mitad del grupo ha conseguido sobrevivir: los huesos del valiente Martin descansan apoyados en un poste de madera podrida al otro lado de Europa y las cadenas que le sujetan se oxidan y se deshacen en herrumbre; la valerosa y bella Katherine ha desaparecido para siempre de este mundo y su desconocido destino parece aún peor que el de Martin; los restos y las ropas de lo que fuera John la han acompañado en su viaje hacia el Más Allá, engullidos por esa horrorosa y antinatural vorágine. Pero no ha sido en vano.

Me gusta pensar que, en algún lugar, más allá del espacio y el tiempo, las almas de Katherine, Martin y John se han encontrado una vez más y han visto el desenlace de esta terrorífica y grandiosa aventura. Tal vez sea así. No lo sé.


Es mi primer personaje que muere. Y, por alguna extraña razón, no podía dejarle desaparecer así, sin más. Este pequeño homenaje es en su memoria y en el del resto de valientes que le acompañaron hasta el fin de sus días.

El final de la partida, lamentablemente y a mi juicio, no le hizo justicia a la campaña ni a los personajes. Pero ésta, en su conjunto, ha sido colosal.

Gracias Imperator. Gracias chicos.

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